Estamos en una nueva era. Los avances tecnológicos están experimentando una gran velocidad, y están transformando la vida de las personas en muy poco tiempo. La transformación es muy rápida, y la vemos por todos lados, hasta niveles poco imaginables hace no mucho tiempo. Tenemos potentes herramientas de comunicación, los viajes se hacen más rápido y más baratos, las fronteras desaparecen, el intercambio de información y de mercancías es global y veloz.

Tomando el control de una nueva era

La tecnología es clave en la revolución digital

La velocidad de los cambios está haciendo que, de forma consciente o inconsciente, cambiemos el modelo de conocimiento, el “paradigma”, la forma en que nos comunicamos, vivimos, tomamos decisiones, no sólo como individuos, sino también como organizaciones colectivas. Las personas están cambiando sus esquemas de pensamiento, la sociedad también. Y las empresas y organizaciones deben ser conscientes de estos cambios.

La revolución tecnológica parte de internet, pero se extiende en muchos ámbitos: las impresoras 3D, los avances en la generación de energía más limpia y barata, avances en alimentación y en transporte de mercancías y personas, robotización, nuevas fórmulas financieras, nuevas tendencias sociales para ocio… todo ello mezclado con un importante aumento de la población mundial, con movimientos demográficos imparables y con unos retos medioambientales que también hay que abordar.

En los principios de esta nueva era, en la que nos encontramos, unas empresas desaparecen y otras crecen de una forma extraordinariamente rápida. Todos estos cambios están modificando la forma tradicional de entender la vida, el trabajo, las relaciones entre personas, y el marco social y económico a todos los niveles.

Zygmunt Bauman

El pensador de la era exponencial

El sociólogo polaco Zygmunt Bauman expuso que la filosofía de vida, los valores y lo que se considera ético y moral ha cambiado radicalmente en los últimos años. La “realidad líquida” consiste en una ruptura con las instituciones y las estructuras fijadas. En el pasado, la vida estaba diseñada específicamente para cada persona, quien tenía unos patrones establecidos para tomar decisiones. En la modernidad, las personas se desprenden de los patrones y las estructuras, y cada uno crea su propio molde para determinar sus decisiones y forma de vida, en una sociedad basada en el individualismo, en la temporalidad, en la inestabilidad, carente de aspectos sólidos. Todo es cambiante y con fecha de caducidad, la vida líquida es una sucesión de nuevos comienzos con breves e indoloros finales. Existe miedo al compromiso, y no se desea renunciar a la libertad. 

Vivimos en un escenario en el que el 47% del empleo total está en situación de alto riesgo. Las compañías más fuertes del mundo, en facturación y valor bursátil, no existían hace pocos años. El 1% de la población mundial posee tanta riqueza como el 99% restante, (y creció en torno a un 7,5% durante la crisis iniciada en 2008). Es posible que cuatro de cada diez empresas líderes de hoy no existan en los próximos diez años. Y se estima que el 45% de las empresas industriales no ven la disrupción digital como un factor de preocupación (este porcentaje será sensiblemente mayor en las pymes, como veremos).

Un mundo volátil, ambiguo, complejo, global, marcado por el individualismo personal, con ausencia de valores sólidos y estables. Marcado por la incertidumbre. 

Las personas en la revolución digital

La sociedad líquida representa a unas personas con nuevos valores

Todo ello exige una adaptación de todas las organizaciones. Muchas de las grandes corporaciones están plenamente inmersas en lo que se llama “la transformación digital”, pero todavía hay muchas compañías que, por su tamaño, fragmentación y estructura, están aún lejos de adaptarse a este nuevo entorno cambiante presente, pero cuya velocidad de cambio se acelerará en un futuro inmediato. Deben controlar la eficacia de su acción comercial, su relación con los clientes, sus métodos de producción, revisar la adaptación de sus productos y servicios a las nuevas exigencias y a las nuevas formas de competencia, y también sus relaciones con trabajadores y colaboradores.

Hay organizaciones que no valoran adecuadamente este peligro. El no reaccionar a tiempo puede condenar a muchas empresas al cierre.

El método Intema Gestión

Manual para la transformación digital de las PYMES

En el método Intema Gestión nos introducimos en una metodología para adaptar las empresas y organizaciones, especialmente las PYMES, a los retos de la economía digital. En el método planteamos un sistema integral (que abarca a todas las áreas), inteligente (que utiliza la tecnología y las nuevas técnicas de gestión de equipos) e “interim” (reflejando con esta palabra la concentración en organizaciones basadas en redes de colaboración, proyectos desarrollados en outsourcing o subcontratación).

Evidentemente, como se deduce de la lectura, una premisa esencial del propio manual es que el método consiste en la variabilidad, la flexibilidad, la adaptación y el aprendizaje constante con riesgos controlados. Es decir, es una guía para que cada empresario reflexione, analice con espíritu crítico, saque sus propias conclusiones, y adapte un proceso de gestión eficiente a su organización, considerando sus capacidades y entorno particular. 

Se parte de lo más general a los aspectos a considerar en cada área y funcionalidad de la gestión. El desarrollo teórico de este manual debe complementarse con sistemas de procedimientos, listas de comprobación y aplicación en casos prácticos cuyo detalle no se incluyen, ya que forman parte del proceso ejecutivo, y que harían demasiado pesado este manual. El método busca utilidad práctica para cualquier organización o empresa de nueva creación, que desarrolle nuevos proyectos, o bien que aborde el cambio para la adaptación a una nueva era, orientando el enfoque de la compañía, y desgranando técnicas y recursos para la ejecución de los planes hacia la consecución de objetivos.

Roberto Alonso. Gerencia de Negocios

roberto.alonso@talentium.es